MODELOS DE EVALUACIÓN SEGÚN LOS ENFOQUES Y TEORÍAS DE APRENDIZAJE.
Estudiaremos ahora
tres de los modelos de evaluación que más han influido en nuestro sistema
educativo a lo largo del último siglo. A través de su presentación podremos
observar cómo han ido cambiando las modas, desde concepciones positivistas
centradas en los productos, hacia posiciones más formativas basadas en la
evaluación de los procesos.
El modelo de evaluación de Tyler
Iniciaremos nuestro
hipotético andar con la figura de Tyler; tras la Segunda Guerra
Mundial. Su aportación y preocupación por 1a evaluación en educación ha
ejercido una gran influencia. Muchos han sido sus seguidores. Todavía hoy,
puede que sea su modelo uno de los más extendidos en el panorama actual de la
evaluación en los centros, si bien está siendo criticado y superado ampliamente
por otros planteamientos. Su concepción de la evaluación podría sintetizarse
así:
-Evaluar supone
establecer comparaciones entre las realizaciones de los alumnos, tras un
período de aprendizaje, y los objetivos que se establecieron con anterioridad y
determinar hasta qué punto éstos han sido logrados.
-Llevar a la práctica
este modelo de evaluación supone: Enumerar, secuencializar objetivos.
-Establecer
controles o procedimientos para obtener información de los resultados de
los alumnos, de forma observable.
-Comparar los
resultados con los objetivos.
-Aceptar o
rechazar de acuerdo con unos valores o normas.
El procedimiento
de diseño evaluativo es el siguiente:
1.Establecer las metas
u objetivos.
2.Ordenar los
objetivos en amplias clasificaciones.
3.Definir los
objetivos en términos de comportamiento.
4.Establecer
situaciones y condiciones según las cuales puede ser demostrada la consecución
de los objetivos.
5.Explicar los
propósitos de la estrategia de evaluación al profesorado encargado de
realizarla y cuáles serán los mementos y situaciones más adecuadas para la
evaluación.
6.Escoger o
desarrollar las apropiadas técnicas de evaluación (a ser posible instrumentos
objetivos y estandarizados) y utilizar los procedimientos estadísticos
apropiados.
7.Recopilar los datos
de trabajo, que podrán referirse a los centros, a los programas desarrollados o
al aprendizaje concreto de los alumnos.
El procedimiento tyleriano, con las modificaciones, mejoras y ampliaciones de Scriven (evaluación formativa) y Stufflebeam (evaluación del proceso) principalmente, representa un gran avance para la evaluación educativa, tanto de programas, como de currículos o de alumnos. Este modelo se muestra adecuado para:
-Labores de
diagnóstico.
-Tratamiento
posterior de aprendizajes defectuosos o lagunas.
-Modificación de
objetivos.
-Ajuste de objetivos.
-Obtención de
información para la dirección y administración educativas.
-Guía indicadora para
el profesor de su actividad y de su repercusión en el aprendizaje de sus
alumnos.
-Proporcionar
información para evaluaciones orientativas de procesos de aprendizaje
subordinados de dichas evaluaciones.
-Proporcionar
información para evaluaciones sumativas o finales dada su especial preocupación
por acabar ciclos o programas y así poder establecer las comparaciones.
Las limitaciones, que
son varias, tal como veremos al desarrollar otros modelos, hacen referencia,
principalmente, a:
-Dificultad de
objetivizar, según taxonomías, las metas y fines educativos.
-No aporta criterios
suficientes y claros para seleccionar objetivos.
-Elaborar los objetivos
operativos para el currículo es excesivo.
-Los objetivos de
mayor relevancia (juicios, valores, actitudes) pueden quedar fuera de los procesos de evaluación.
El modelo de Tyler se
encuentra claramente dentro de lo que hemos considerado anteriormente corriente
cuantitativa o experimental. Pretende objetivar al máximo tanto los objetivos
educativos, las situaciones de aprendizaje como la propia práctica de la
evaluación, con la pretensión de ejercer el control total de las variables
implicadas en el proceso. Pero ya hemos señalado anteriormente las dificultades
que este enfoque, tomado en sentido estricto, manifiesta a la hora de ajustarse
a las verdaderas necesidades de los centros y de los alumnos.
La evaluación formativa de Scriven y la evaluación del
proceso de Stufflebeam
Aunque ya Tyler
introdujo el término feed back (retroalimentación o retroacción) en sus
planteamientos educativos, este término tuvo escasa incidencia en los primeros
planteamientos. Fueron los estudios posteriores los que detectaron la
potencialidad y las posibilidades de ese concepto.
Existe una clara
distinción entre la evaluación sumativa (final) la evaluación formativa (o de
proceso); la primera tiene como objetivo el de certificar un estado resultante
de los aprendizajes de los alumnos respecto a unos objetivos preestablecidos,
es decir; establecer unos niveles o unas clasificaciones de los resultados
obtenidos por los alumnos; la segunda por el contrario, pretende proporcionar
una información que sirva para que el alumno y el profesor puedan conducir
reconducir sus esfuerzos y sus trabajos dentro de unas coordenadas de acción
que faciliten el desarrollo de las actividades y faciliten aprendizaje mientras
éste se está desarrollando.
En palabras de
Scriven, recogidas
por Stufflebeam y Shinkfield (1987:345) resulta que: La
formativa ayuda a desarrollar programas y otros objetos; la sumativa calcula el
valor del objeto una vez que ha sido desarrollado y puesto en el mercado.
Esta idea es
importante porque nos sitúa ante un hecho irreversible: hablar de evaluación
sumativa nos lleva a planteamientos cerrados y acabados, en tanto que
la evaluación formativa nos invita a procesos abiertos y flexibles.
Su incidencia es
manifiesta tanto en el diseño y desarrollo de determinados programas parciales
o en la elaboración de currículos complejos como en el seguimiento y control
(ayuda) del desarrollo didáctico de cualquier actividad y, en consecuencia, de
los aprendizajes de los alumnos en un momento determinado, con el propósito de
mejorar todos y cada uno de los procesos. Así entendida, la evaluación se
convierte en parte integrante del proceso didáctico, mientras éste se realiza
de modo distinto al considerarlo una parte final e independiente del mismo.
La evaluación
formativa o del proceso tiene como finalidad principal la de obtener
información, que, una vez contrastada en cuanto a su validez, nos lleve a desarrollar
y optimizar el proceso objeto de evaluación, es decir, el desarrollo y la
ejecución de una determinada actividad o programa.
La característica
esencial de las evaluaciones formativas o de proceso radican en que las
decisiones que se toman afectan al propio proceso; esto no ocurre con la
evaluación sumativa cuyas repercusiones afectan a otros procesos. Las repeticiones,
en una evaluación formativa, afectan a secuencias o partes del proceso,
considerando este no acabado; en una evaluación sumativa esas repeticiones
afectan a otro proceso, entendiendo el anterior como algo acabado.
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